Entretanto me preparaba para publicarla, he recibido un escrito de un amigo, laburante, artista, que me ha parecido muy interesante, y me parece que se debe compartir y divulgar se los recomiendo, quizás parezca extenso, pero me parece sumamente constructivo, el se llama Marcelo Naraveckis y aquí los dejo con su escrito.
Al final les regalo una extraordinaria foto de mi amigo Liborio Noval.
Cuando Cristina se vaya
“ Fíjate de qué lado / de la mecha te encontrás”
(Patricio Rey y los Redonditos de Ricota)
Nuestras alegrías y nuestras tristezas nos definen. Nos delatan. Vienen tan de adentro, nos constituyen tan de raíz, que son casi imposibles de disimular. Es que nuestra alegría y nuestra tristeza tienen que ver con nuestra idea de la vida, con nuestra proyección de la vida. Con lo que pensamos que la vida debe o debería ser. Y, cosa curiosa, el de las alegrías y las tristezas es uno de los pocos territorios de lo humano donde a la mentira le cuesta hacer pie. Nuestra alegría intima, nuestra tristeza intima, pueden sabotear y traicionar cualquier discurso que se intente prefabricar para “acomodarse” en una situación determinada. Son sentimientos genuinos. Tienen por regente a nuestro niño interior; demandante, desenfadado, espontáneo, carente en absoluto de hipocresía, esa “habilidad“ que vamos aprendiendo con los años y las canas.
Y decimos nuestra alegría y decimos nuestra tristeza porque, además de definirnos per se, nos definen en nuestro entorno, en nuestro colectivo. Es decir, con quiénes nos alegramos, con quiénes nos apenamos. Porque somos seres sociales. Y seres políticos.
Uy! Qué dije! Mala palabra.
Yo se que hoy por hoy a la gente de nuestro pueblo y aun de nuestro mundo no le gusta oír hablar de política. Hemos llegado a un estadio de evolución de lo humano donde el palabrerío político, histórico y filosófico ha sido reemplazado en la preferencia de casi todos por los temas verdaderamente importantes y trascendentes, como las bondades de un nuevo teléfono celular, los pectorales del Sr Fort, los altibajos anímico-futbolístico-patrióticos del Sr Messí o el kilaje de la Srta Spears, por caso y por citar tan solo tres mínimos ejemplos entre millones.
Hasta acá los hice llegar. Ahora que vieron la palabra política que, cual crucifijo al conde transilvano, los ha hecho volar por la ventana, seguiré con mi reflexión casi a solas, de entrecasa.
Y así, en camiseta y en alpargatas, me puse a pensar en alegrías y tristezas, pero aplicadas a la política y a la historia. Porque si hay algo que en la política y en la historia sobra, son palabras. Y las palabras suelen confundir. Es mas, en muchas ocasiones es justamente lo que se proponen. Pero para saber si un perro cojea no hay que escucharlo ladrar, sino verlo caminar. Y en nuestra alegría y en nuestra tristeza se pueden vislumbrar nítidamente nuestras cojeras. Veamos:
Concretamente me pregunté hoy: ¿Quiénes se van a alegrar cuando Cristina se vaya? ¿Y qué pasará conmigo? ¿Uniré a ellos mi alegría? ¿Será la de ellos mi alegría?
Hagamos una retrospectiva.
Recordemos.
¿Quiénes se alegraron cuando echaron a Don Hipólito?
Obviamente, los que lo echaron.
Los militares germanófilos y los economistas pro británicos.
De seguro yo no me hubiera alegrado, porque el fascismo me repugna, porque tampoco soy economista y porque también me repugnan los imperios coloniales, por mas democráticas que sean sus metrópolis.
También se alegraron los petroleros extranjeros, los industriales extranjeros y sus gerentes locales, porque se terminaban las ideas trasnochadas de los Moscón y de los Savio y podían seguir expoliando cómodamente al país sin sombra de competencia. Obviamente, yo no. Porque no soy ni extranjero, ni petrolero ni gerente de nadie.
Por supuesto, los Sres terratenientes de la Sociedad Rural se unieron al coro de la alegría en primera fila. Una alegría genuina, pura y sana, porque sabían que en una coyuntura mundial muy difícil tenían garantizado el hundimiento del país entero a costa de su propia salvación como clase (Pacto Roca-Runciman, 1933). De mas está decir que yo no me hubiera alegrado porque no tengo campos ni ganado vacuno … apenas alimento a una tropita regular de ganado gatuno, que mas que ganado es perdido.
Y se alegraron también los grandes medios de comunicación de la época, donde toda esta buena gente contribuía con sus anuncios.
Se alegraron y muy principalmente los que veían horrorizados como la chusma inmigrante, que según sus planes estaba nada mas que para trabajar y callarse la boca, ejercía sus derechos cívicos e incluso ocupaba posiciones expectantes en el poder. Claro, yo no me hubiera alegrado, porque yo soy hijo de inmigrantes.
Entre todos estos se alegraron también los que se entristecieron tanto con la Ley Sáenz Peña, la del voto universal, que había puesto tantos obstáculos a los tramoyeros del “fraude patriótico” y la manipulación de la voluntad popular. ¿Yo? No, yo no. A mi me gusta votar y elegir. Y me gusta que todos puedan y deban hacerlo cuando se trata del destino de todos.
Ah! Yo debería haberme alegrado porque ya no se editaba mas el “Diario de Irigoyen” . Pero no. No me alcanzó.
Y fue una alegría duradera la de toda esta gente. Les duró un poco más que una década, una alegría “Infame” . Hasta que vino Juan Domingo. Y ahí, como dijese Maria Elena, “ el sol de la infancia se les alunó” .
Pero también lo pudieron echar a Juan Domingo. Costó algunas muertes mas, se gastaron bombas y balas de fusiles, combustible de aviones. Pero se lo pudo echar. Y volvió la alegría.
¿La alegría de quienes?
Y … qué les diré. Más o menos de los mismos. Pero ahora con motivos renovados. Porque tuvieron que soportar horrorizados el ascenso y la dignificación de los trabajadores. Que ahora, para peor … eran negros! Y se quejaban de la chusma de Hipólito … Estos eran verdaderamente los untermensch, los sub humanos que tanto había hecho Adolfo por eliminar. El aluvión zoológico, los cabecitas negras. Y con qué altanería venían! Casi hasta parecían humanos. Y se organizaban! Y votaban hasta las mujeres! Y todos votaban a Juan Domingo y Eva. Horror de horrores, tristeza nao ten fin.
Ah! Y también, una vez mas, gran alegría de la Sociedad Rural! No mas controles. No mas estatuto del peón. No mas control de las exportaciones. Rienda suelta a la felicidad terrateniente a costa de quien sea y de lo que sea.
Y se alegro íntimamente nuestro mas nuevo amigo, también, el nunca bien ponderado FMI, porque caímos por fin en su abrazo de hierro, para no salir jamás.
¿Y Yo?
No. Yo no me alegré. Porque toda la vida fui un trabajador y me gusta, por lo tanto, que los trabajadores vivan bien y que puedan organizarse para asegurar sus derechos. Y seguía sin tener campos ni ganado. Y además era negro y mujer. Y me gusta que las mujeres estén en pie de igualdad. Y me repugna el racismo de cualquier índole. De modo que no hubo alegría para mí cuando lo echaron a Juan Domingo.
Ah! Debería haberme alegrado porque ya no se comia pan negro. Pero no, no me alcanzó.
Casi la misma comparsa recuperó su alegría rimbombante cuando lo echaron a Arturo. Con elenco renovado: Los burócratas sindicales y los laboratorios medicinales extranjeros. Yo, que no tengo remedio y tampoco me gusta que se traicione y negocie la voluntad de los trabajadores, no me alegré. Tampoco me alegró que se diera rienda suelta a la represión indiscriminada, perfeccionada y en gran escala, y con alguna ayudita de los amigos de la escuelita yanqui de Panamá.
Eso si: Debería haberme alegrado porque ahora se hambreaba y apaleaba al pueblo pero eso si, con rapidez y diligencia de liebres, no con lentitud de tortugas, Pero no, no me alcanzó.
En fin, que vemos alegrándose siempre a los mismos y por las mismas razones. Y ni qué decir cuando a los tiros también llegó Jorge Rafael. Ese fue el summum. Sociedad Rural, industriales, medios de comunicación, militares y fascistas por elección o por omisión saludaron con frenesí lo que constituyó un verdadero apagón de la civilización humana en nuestra Nación, y que asombró por su crueldad al mundo entero (Obvio, menos al departamento de Estado de los EEUU, que compartía la sana alegría vernácula para la que tanto había contribuido).
¿Y yo? Qué me iba a alegrar yo! Si además de ser negro, mujer y trabajador devenido en desocupado, además de no tener campos ni ganado, ahora estaba también desaparecido, vejado, torturado, aniquilado y se rifaban a mis hijos como botín de guerra. Si hasta parecía que la mismísima palabra alegría se había borrado para siempre de mi vocabulario.
Eso si, debería haberme alegrado y mucho, porque la selección argentina ganó el campeonato mundial de fútbol. Pero no, no me alcanzó.
Pero como dice la canción del campamento “ todo tiene un final, todo termina” . Y vinieron Raúl, Carlos … Y con Carlos fue mas que curioso, porque los que mas se entristecieron cuando llegó fueron también los que mas se entristecieron cuando se fue. ¿Paradoja o Ardid? Ah! Pero Carlos era medio cachivache, un poco desprolijo. Alegría, si. Pero con buenos modales. Asi que para terminar con Carlos y con su locura vino Fernando. Y este si que terminó con Carlos y con todo. Y ya, para decir verdad, nadie se alegraba mucho de nada. Fernando consiguió la desolación y la apatía. Y en medio de todo esto y después de muchos trucos y retrucos apareció Néstor. Y con Néstor, Cristina.
Deliberadamente voy a pasar por alto los pormenores de la experiencia en el poder del llamado “Matrimonio Gobernante”, o “La Reina y el Rey”, como dio en llamarlos el acidulante humor de nuestra clase media. Lo cierto es que, hoy por hoy, está Cristina. Y mas allá de eso, a mi me interesa saber quiénes se van a alegrar cuando Cristina no esté, cuando Cristina se vaya, en acuerdo a los plazos institucionales correspondientes (Cosa de la que no dudo porque por suerte la oposición a Cristina hace de la institucionalidad una bandera de lucha muy clara y nunca, pero nunca serían capaces de conspirar contra las instituciones, y rechazarían asqueados cualquier sugestión en ese sentido, porque son ante todo muy democráticos, en contraposición a Cristina que, según ellos, no lo es).
A mi me interesa saber quiénes se van a alegrar cuando Cristina se vaya.
Pienso. Enumero.
Los primeros en la lista, nuestros amigos de la Sociedad Rural.
Y tienen motivos. Lo importante de su alegría es que es genuina. No mas retenciones, no mas transferencia de la renta… y el bife a $80 o lo que marque la danza de los commodities en el mercado internacional. Y si el mercado baja, si los commodities les empiezan a quedar incómodos, todos con la escupidera en su auxilio y a bancarlos. Solidariamente, como corresponde a un pais agroexportador. Su alegría no será egoísta, porque estará basada en el sano principio de la felicidad de los pueblos y la grandeza de las Naciones, objetivos que se logran, según la historia nos enseña, en base al desarrollo excluyente de la agricultura y la ganadería y, especialmente, del monocultivo. Las grandes Naciones del orbe deben su grandeza a la exportación de materias primas. Esto es sabido.
Sea como fuese, es una alegría lógica. Porque si es que esta teoría está equivocada, de todos modos la grandeza y la felicidad de ellos siempre estará asegurada.
También se van a alegrar los genocidas, porque ya están viejitos para trajinar los pasillos de los tribunales (Eso que los fastidia tanto, la oportunidad que no dieron a sus víctimas) y, además, piensan que no merecen la cárcel sino el bronce. Se van a alegrar todos los que apuestan por el olvido, los que sostienen la teoría de los dos demonios y del “algo habrán hecho”. Todos los que embarrados sus calzones de miedo burgués quieren “Los militares en la calle” para vivir mas tranquilos, dispuestos a tolerar cualquier exceso en bien de esa tan bien ganada tranquilidad, aunque signifique la tranquilidad de los cementerios.
Por supuesto, los valientes medios concentrados de comunicación y sus aun mas valientes empleados, que no dudaron en censurar desde el primer día todos los excesos y errores de Cristina a pesar de las persecuciones tenaces de que han sido objeto. Amordazados y todo, se han hecho oír. Tienen experiencia. Se han fogueado en los duros combates periodísticos contra todo tipo de violencia y dictadura que han librado a lo largo de la historia. El diario de los Mitre, el de Ernestina, la revista Gente y tantos otros … Valientes resistentes. Solo que como son tan reflexivos se toman su tiempo y se oponen a todos los dictadores … media hora antes de que los dictadores caigan por su propio peso. O por la lucha y la sangre de otros, más bien. Pero que se oponen, se oponen. Y hacen leña, después, hasta de la última ramita. Su alegría es lógica, también. Podrán hacer astillas a piacere, sin ley de medios que los obstaculice en su afan de concentrarse y engordar las cuentas con la venta de morbo y excrementos varios. Por fin alguien contará las carteras de Cristina para que se disponga de ellas y se pueda terminar así con el hambre en el mundo.
También se van a alegrar los formadores de cultura. Mirta, Moria, Susana, Marcelo. Los que hacen docencia de la dignidad femenina en particular y de la dignidad humana en general. Los que son ejemplo de austeridad y superación intelectual, los que enaltecen al pueblo día a día desde las humildes pantallas de TV. Porque ahora si van a poder hablar y prevaricar sin tapujos acerca de la vida y la muerte… de los otros. El humanismo universal ganará puntos, sin duda. Y ellos tranquilidad y seguridad para poder seguir manteniendo su vertedero de imbecilidades vistosas sin que nadie los moleste ni amenace.
Y asi como se van a alegrar los formadores de cultura, se van a alegrar también los formadores de precios y su alegría será también lógica y genuina. No tendrán que sufrir la intolerancia del secretario Moreno, metiendo sus sucias narices en las sagradas ganancias de los empresarios. Y no habrá un INDEC que mienta! Si da un 20%, que lo de! Y todos los sabremos! Y ellos podrán prever un 40%, un 60% o un 80%, como lo han hecho siempre, cuestión de no quedar rezagados. Pero, eso si, ahora bien calculado.
Se van a alegrar y mucho los nostálgicos de las relaciones carnales. Los que dicen que no somos Latinoamérica, que debemos ser un apéndice del imperio en todo sentido, colaborando con entusiasmo en todas sus aventuras bélicas de expoliación, asimilando hasta la última de sus pautas culturales y sometiéndonos hasta al último de sus dictados. Porque eso es lo que hay que hacer para que lleguen las “inversiones” que nos harán grandes y felices, ya que ser el satélite, el pais zombie de otra Nación más grande es lo que engrandece a una Nación. La historia también lo enseña.
Habrá alegrías lógicas. Y Santas alegrías, también. Casi olvido a los seguidores jerárquicos de Jesús, que se alegraron tanto cuando echaron a Raúl y a Juan Domingo, que se alegraron tanto cuando vino Jorge Rafael que de puro entusiastas le entregaron hasta a sus propios corderos, que de tanta algarabía santa olvidaron que Jesús era el crucificado, no el que crucificaba.
Es una lista larga.
Pero … Y yo?
A mi me cuesta unir mi alegría a la de esta buena gente, porque ellos tienen sus motivos, pero yo tengo los míos.
Yo no soy el que cobra el bife en dólares, sino el que lo paga.
Yo soy el que desapareció, el que fue torturado y vejado y todavía busco a mis hijos y a mis nietos robados. Y no quiero que la justicia se detenga. Por mí, por mi pueblo y por la historia, ya no solo de mi Patria, sino de la civilización humana en su conjunto.
Tampoco me gusta ser informado por gente que nunca morderá la mano del que le da de comer, que por otra parte nunca seré yo. Yo soy el que sufre la manipulación de los medios, no el que hace negocio con la acumulación de los mismos. Es mala la digitación de la información por parte del Estado. Pero también es malo que la manejen y conduzcan los tenderos. Y mucho más cuando todos los medios se convierten en las sucursales de una misma tienda.
Yo no soy el que se enriquece produciendo estupideces por TV. Soy el que las sufre. Y si bien sé que la estupidez es eterna e invencible, por lo menos deseo que sus apóstoles se mantengan en su lugar.
Yo no formo los precios. Yo soy el que los paga. No tengo acciones en los supermercados, ni en las fábricas ni en las distribuidoras. Todo el que haga algo por bajar los precios está haciendo algo por mi.
Yo soy latinoamericano. Y además estoy orgulloso de serlo. Sueño en la fe de una Latinoamérica fuerte y unida, esperanza de la humanidad.
Soy, como dije, mujer, negro, inmigrante, trabajador, perseguido, desaparecido, encarcelado, asesinado, vejado, torturado. Para resumirlo históricamente, carne de crucifixión. Por ende, nunca mi alegría será la de los que crucifican.
Definitivamente y en razón de mi lugar en el mundo, de mi pertenencia geográfica e histórica, no voy a compartir mi alegría con los que se alegren cuando Cristina se vaya. Ellos tienen sus razones. Pero yo tengo las mias.
¿Y vos?
Marcelo Naraveckis



